"La llibertat no baixarà cap al poble, és el poble que ha de pujar cap a la llibertat" (Emma Goldman)

dijous, 20 d’abril de 2017

Daniel Wilson: ¿De qué forma educamos si luego sólo vota la mitad de la gente?".

Foto: A. Jiménez (La Vanguardia).

(Entrevista de Carina Farreras per a La Vanguardia al director del Projecte Zero de la Facultat d'Educació de la Universitat de Harvard, Daniel Wilson).

Daniel Wilson lidera uno de los faros más prestigiosos de la educación, el Project Zero, centro de investigación de Harvard desde 1967, y que ha sido dirigido, entre otros, por el padre de las inteligencias múltiples, Howard Gardener. Como buen farero observa la marejada levantada por el viento de las nuevas tecnologías digitales que está transformando vertiginosamente el modo en que trabajamos y nos relacionamos. En este mar, las escuelas zozobran buscando el nuevo rumbo que debe llevar a los niños de hoy a adultos adaptados a la sociedad de mañana: “La evidencia es que ya no podemos enseñar como lo hacíamos el siglo pasado”. Wilson impartió una conferencia en el simposio internacional Barcelona, Educación, Cambio, organizado recientemente por Blanquerna, Jesüites Educación y el colegio Montserrat. En la confusión del mar revuelto, arroja luz sobre diversos aspectos como el nuevo rol del maestro, creador de condiciones para que el alumno aprenda. O como debe cambiar la mirada hacia el niño: un individuo completo, no solo un ­estudiante de determinadas materias. El desafío, sostiene Wilson, es que vean que lo que aprenden les ayuda a comprender el mundo. Porque “¿de qué forma educamos para que sólo la mitad de la población se vea impelida a elegir gobierno?”, reflexiona.

¿Qué ve desde lo alto de su ­faro?
Es un tiempo apasionante y peligroso. Nunca había sucedido algo así, que tanta gente tenga acceso al conocimiento. Millones de personas pueden aprender lo que antes estaba reservado a unos pocos y todos podemos aprender cualquier cosa gracias a las nuevas tecnologías. No hay precedentes en la historia de la evolución humana de una etapa similar. ¿Se imaginan el alto potencial que hay de talento, creatividad y conocimiento? Pero a la vez es un tiempo muy peligroso. Resulta muy difícil distinguir la verdad de la mentira y eso puede ser explotado desde la maldad. La pregunta que debemos hacernos es cómo podemos apoyar a los jóvenes para potenciar su talento pero ayudándoles a adquirir sentido crítico y capacidad de análisis.

¿Qué papel tendrán los profesores en estos cambios?
Más fundamental que nunca. El rol del maestro ahora es facilitar el aprendizaje. No digo que deje de dar conocimiento. Esto es lo que se discute cuando se habla de las metodologías de innovación, una discusión ridícula y estéril. ¡Claro que hay que dar conocimiento! Si solo se experimenta el concepto de la gravedad, el alumno no sabrá nunca las bases científicas. Pero el papel principal del maestro no es dar esas bases científicas, eso es una pe­queña parte de su trabajo, su labor es estimular la curiosidad, las ganas de aprender y formar el espíritu ­crítico.

Eso significa cambiar las prácticas profesionales tradicionales.
Cambiar es difícil, siempre hay riesgos y costes. La legitimidad hacia donde se va, al principio, no está muy clara. Y da miedo. Además se hace necesaria la cooperación y eso expone al maestro a una visibilidad que le incomoda. ¿Cómo me ven? ¿Cómo me veo yo a mí mismo? Hay que recordarles los valores de la vocación para que estén dispuestos a cambiar. Pero si queremos crear una cultura de aprendizaje los profesores deben practicarla. Tienen que explorar, experimentar, crear, cooperar, compartir...

¿Qué importa saber para crear ese clima de aprendizaje en entornos que no lo tienen?
Hemos visto dos factores clave que se repiten en todo el mundo. Primera, el profesor debe sentirse seguro si va a arriesgarse. Debe poder cometer errores sin ser cuestionado. Y, en segundo lugar, debe entender que pedir ayuda va a ser necesario. Los maestros cierran la puerta del aula y trabajan individualmente. Esto se ha acabado.

Esta transformación afecta a toda la educación formal.
En un estudio se preguntó a miles de profesionales, ingenieros, arquitectos, abogados, periodistas... dónde habían aprendido la esencia de su profesión. Sólo una pequeña parte respondió que en la universidad. El 80% construyó su bagaje gracias a sus colegas, a los intercambios informales, a prácticas en el trabajo... ¿A qué no la sorprende si piensa en su propia experiencia? La educación traspasa las paredes de los centros que la certifican. Lo que importa es la capacidad para aprender.

¿Qué hay que enseñar y cómo evaluarlo?
Olvidamos que educamos a seres humanos completos, no a unos alumnos de matemáticas. Mire, es un desastre que en mi país sólo vote el 46% de la población. ¿Qué tipo de educación hemos dado para que la gente no esté implicada en la elección del gobierno? El aprendizaje de las asignaturas como lengua o mates sólo representan una pequeñísima parte del desarrollo de un individuo. ¿Tienen que existir, tenemos que evaluar? ¡Claro! Ahora bien, ¿es lo más importante? Pues no. Y estas evaluaciones, siendo una ínfima parte, hacen muy desgraciados a muchos niños de todo el mundo. ¡Dejemos de hacerlo así! Centrémonos en la calidad de las experiencias en el aula. Que los alumnos vean que lo que aprenden les ayuda a comprender el mundo e impacta en su entorno. Y que se evalúe en estos términos: ¿Cómo es este niño? ¿Cómo ha progresado en su singularidad? ¿Cómo se mueve en la comunidad? Y no debería ser la opinión de un tutor sino la conclusión de un conjunto de maestros, después de analizar todo lo que el niño ha hecho: trabajos, exámenes, dibujos, actuaciones, relaciones en el grupo... Por eso digo que los maestros deben ser como antropólogos.

¿Existe un modelo de innovación determinado?
No, depende de los valores de cada colectividad. Pero no vale innovar por innovar. Cualquier cambio debe estar fundamentado en los valores en los que cree esa comunidad. Y está bien la diversidad para poder elegir. Hay padres que confían en las innovadoras y otras en las escuelas tradicionales y eso está bien. Eso sí, hay cosas que todas, tengan el proyecto que tengan, deben abordar, como idiomas, liderazgo, colaboración..

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